Cooperar para aprender
LOMLOE: metodologías activas
He decidido profundizar en las metodologías activas, ya que en los últimos años el sistema educativo en lugar de centrarse únicamente en la trasmisión de conocimientos del profesor al alumnado, se esta apostando por metodologías que hacen que el estudiante sea el protagonista de su propio proceso de aprendizaje. Esta transformación esta reflejada en la LOMLOE, que trata de aplicar los conocimientos en situaciones reales o simuladas, donde los estudiantes tienen que resolver problemas y crear algo propio.
Después de conocer distintas metodologías en clase como la gamificación o el ABP, he elegido explicar la metodología activa del APRENDIZAJE COOPERATIVO porque conecta con mi historia personal. Además en el bloque anterior ya mencionamos el aprendizaje cooperativo (en el desafío de la revolución tecnológica) como uno de los 3 modelos educativos hacia los cuales estaba evolucionando el aprendizaje, respondiendo a los desafíos de la era digital. En esta entrada quiero profundizar este modelo en su aplicación en el aula, como metodología activa en el marco de la LOMLOE.
Desde que era pequeña, como ya mencione en mi primera entrada, he trabajado en un proyecto con mi familia y amigos, una serie casera. En este proceso, no solo he escrito los guiones y actuado, sino que he aprendido lo que significa construir algo en grupo: escuchando, colaborando, repartiendo tareas, resolviendo conflictos y compartiendo un objetivo común. Desde mi punto de vista vivimos en una sociedad donde es necesario saber trabajar con otras personas y colaborar para conseguir objetivos comunes. Elegí este tema porque creo que la educación no debe limitarse a escuchar de forma pasiva, sino que debe motivar al alumnado e involucrarlo. Por ello creo que es importante compartir esta información como futuros pedagogos.
El aprendizaje cooperativo es una metodología que fomenta la participación, la autonomía, el pensamiento crítico y el trabajo en equipo.
¿Qué es el aprendizaje colaborativo?
Consiste en en organizar al alumnado en pequeños grupos para aprovechar al máximo la interacción entre ellos con el fin de maximiza el aprendizaje de todos. Esta metodología es una respuesta al reto de diversidad en el aula, ya que permite al profesor disponer de más tiempo para atender individualmente a los alumnos, además estimula el pensamiento divergente y el respeto a diferentes ritmos y estilos de aprendizaje. En vez de recibir la información pasivamente del profesor, los estudiantes aprenden debatiendo, ayudando a otros y resolviendo problemas en conjunto.
¿Cómo funciona?
Cada miembro del grupo tiene un rol, unas responsabilidades y un compromiso con el aprendizaje propio y el del resto. Por tanto cada miembro del equipo debe aprender por si mismo a través del profesor y de sus compañeros y ayudar a los demás a aprender.
Según Johnson & Johnson (1997), el aprendizaje colaborativo se basa en dos aspectos esenciales:
- Interdependencia positiva: Los alumnos entienden que necesitan unos de otros para alcanzar el objetivo común. Cuando un niño no participa o acapara todas las tareas estaríamos hablando de interdependencia negativa.
- Responsabilidad individual: Cada miembro del equipo debe aportar y dar lo mejor de si mismo.
En el aprendizaje colaborativo debe haber una participación igualitaria y una interacción simultanea. Trabajar en equipo debe considerarse un contenido más dentro del aprendizaje escolar, porque el alumnado no tiene esta competencia hasta que se entrena. Reflexionando sobre mi propia experiencia en clase, me he dado cuenta de que mucha veces se nos pide trabajar en grupo, pero no se nos enseña cómo hacerlo, por eso creo que aprender a trabajar en equipo debe ser un objetivo de la enseñanza.
Desde mi propia experiencia, se lo importante que es trabajar bien en equipo, ya que cómo ya comenté e mis anteriores entradas, en mi tiempo libre escribo historias y las grabo cómo una película, y ahí me he dado cuenta de que por mucho talento o creatividad que haya, si no hay una buena organización y colaboración, el resultado no será bueno.
Claves para aplicar el aprendizaje colaborativo en el aula:
El aprendizaje cooperativo no se reduce a poner a los alumnos a trabaja juntos, para que esta metodología sea eficaz deben darse tres elementos fundamentales que garanticen una cooperación significativa y educativa.
En primer lugar, es esencial que haya un buen clima de aula para poder trabajar bien, creando un espacio que fomente la solidaridad, la empatía, la ayuda mutua y la confianza. Esto significa pasar de una dinámica de competitividad o individualismo a una de cooperación. Esto se logra a través de tutorías, dinámicas de grupo y actividades que favorezcan el conocimiento mutuo, el respeto y la motivación a trabajar en grupo.
En segundo lugar, una vez creado ese clima de confianza se pueden aplicar estructuras cooperativas para abordar el contenido curricular. Están pensadas para que los alumnos interactúen de forma constante, repartan tareas y se ayuden y aprendan juntos.
En tercer lugar, como ya he mencionado anteriormente, es importante tener en cuenta que saber trabajar en equipo no es algo innato, por ello, hay que enseñar explícitamente cómo hacerlo, guiando al alumnado a adquirir habilidades y estrategias que le permitan colaborar de forma efectiva. Esto requiere de una planificación que contemple:
Equipos:
Los equipos deben ser heterogéneos, con un máximo de 5 personas por grupo, en cada grupo todos desempeñan un rol (coordinador, secretario, portavoz, ayudante o supervisor). Para formar los grupos hay que tener en cuenta diferentes variables que afectan a la dinámica y el éxito del grupo, por ejemplo el interés, observando que temas despiertan la curiosidad en los alumnos y como se implican en las tareas.
También hay que tener en cuenta la capacidad y el rendimiento académico de los alumnos, y formar grupos con estudiantes que tengan distinto nivel de rendimiento para que se puedan ayudar mutuamente. El estilo de aprendizaje también es útil tenerlo en cuenta, ya que la diversidad dentro de los grupos y que cada miembro aporte su perspectiva puede enriquecer las actividades.
Existen distintas estructuras cooperativas, es decir, existen diferentes formas de organizar la participación , los turnos, los roles y la comunicación del alumnado dentro de un grupo para llevar a cabo una tarea.
Por un lado están las estructuras cooperativas simples, que se pueden llevar a cabo en una sesión, no requieren de planificación compleja, se pueden aplicar a cualquier materia y son fáciles de aprender. Se pueden aplicar según el tipo de actividad, el número de alumnos, y el objetivo de aprendizaje:
También se incluyen actividades que nos permiten saber los conocimientos previos que tienen los estudiantes cómo el folio giratorio, lápices al centro, lectura compartida, 1-2-4...
Todas ellas permiten que aprendan unos de otros, el contraste de ideas, la generación de soluciones conjuntas y el desarrollo de habilidades sociales
Por otro lado tenemos las estructuras cooperativas complejas ( o técnicas cooperativas) que requieren de más planificación, tiempo y organización. Suelen extenderse durante varias sesiones o semanas, cómo proyectos o la actividad el rompecabezas (Jigsaw).
Si te interesa saber como funciona alguna de estas estructuras cómo lápices al centro o folio giratorio accede a este enlace :).

.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario